Descripción
Extensión: 978 km²
Fiestas: 8-9 de abril y 8-17 de septiembre

Historia

Écija, llamada la ciudad de Sol, es la mas importante de la provincia de Sevilla, situada en fértil valle en la ribera formada por el caudaloso Genil, en el camino de Córdoba, y entre perpetua verdura, pues sus frondosos olivares, su extensa y feraz campiña y sus pintorescas huertas, hacen de nuestra ciudad una de las mas deliciosas de Andalucía.

Confina con el N. Y E. Con la provincia de Córdoba; al S. Con los partidos de Estepa y Osuna; al S.O. con el de Marchena; al E. Con el de Carmona y se halla a 83 kilómetros de Sevilla.

Desde la antigüedad tuvo gran importancia mercantil y social, por su excelente posición topográfica, convirtiéndola los griegos en un gran centro comercial de extensa zona, favoreciéndola su gran vía fluvial para comunicarla con los demás pueblos, a cuyo puerto afluían los distintos productos de su comercio, por las aguas de legendario y caudaloso Genil.

Escudo de la Ciudad de Écija.El Blasón que la ciudad ostenta es un radiante sol, llevando corona mural sobre su escudo, orlado por la palabra Astigi y el lema Civitas Solis Vocabitur una, palabras proféticas de Isaías en el capitulo XIX, v. 18 que significa: Écija, Una sola será llamada ciudad del Sol; pregonando su primitivo nombre que fue Astigi, su gran abolengo como tierra de ciudadanos.

Bajo el periodo latino fue Convento o Jurisdicción Astigitana y en honor del emperador Augusto, los romanos llamáronla Augusta Firma, que fue quien la declaró colonia y capital del Convento Jurídico de su nombre.

Su importancia mercantil y social se extiende en el largo periodo comprendido por las dominaciones fenicias, griegas, cartaginesas, latinas y aun del imperio visigótico y del arábigo, bajo el cual se llamaba Estadja.

Su reconquista se verifica por San Fernando, el día de la Cruz del año 1.240, y prueba del espirito social de este gran monarca, fue la concesión de barriada para los vecinos, que forman en el ciudad su morería y judería, concediéndole a la vez el fuero de Córdoba, así como después Don Pedro I le otorga el de Sevilla.

En su primitiva fundación, estuvo Écija rodeada de murallas y altos torreones de cuya fábrica se conservan enhiestas dos de sus torres y algunos lienzos de muralla de labor romana, habiendo tenido la ciudad nueve puertas.

Plaza de Toros de ÉcijaDonde hoy se levanta la plaza de toros, se hallaba los vestigios de un gran circo romano, descubriéndose al hacer su cimentación, gran profusión de columnas, mármoles, restos de estatuas, frisos y lápidas.

Durante la dominación sarracena, fue importante ciudad autónoma, con reyezuelo independiente, abierta al comercio de las gentes, mereciendo el dictado de Clarísima, que podía competir con Gades, Corduba, y hasta con la misma Hispalis, siendo conocida por los árabes por el nombre de Medina Alcotón o Ciudad del Algodón, y por el de Medina Estigia o Ciudad Rica.

La cristiandad de Écija fué desde los primeros años del Evangelio, como lo demuestre el haber tenido sede episcopal desde el siglo III, siendo su primer obispo San Crispín, sucediéndole, entro otros, Gaudencio en el VI, Pegacio y San Fulgencio, en el VII; Esteban Theodulfo, Daubart y Arbidu, en el VIII; por cuyo periodo ocurre la invasión sarracena, no obstante, fuéronlo en el X Martino y Servando, de su numerosa mosarabia.

Rey Pedro IAlgo más tarde de dos siglos estuvo siendo Écija fronteriza con Granada y resistió dentro de sus límites los continuados encuentros de los árabes, como lo prueba entre otros hechos de armas, el de Don Nuño González de Lara, en el cual perdió la vida el caudillo moro, lo que motivó una tregua, con lo que se evitó Écija una segunda irrupción mahometana; las célebres jornadas de Tebas, Archidona y Ronda; la renombrada batalla de Salado, donde los bravos astigitanos capitaneados por Fernán González de Aguilar, dieron alcance a las fuerzas berberiscas cerca del río de las Yeguas; su asistencia al famoso cerco de Algeciras, que tantos cruzado extranjeros atrajo por la perseverancia con que se sostuvo y en otras ocasiones mas que merecieron que el rey Don Pedro I de Castilla otorgara a Écija los fueros y privilegios que tenía Sevilla.

Debidas a estas señaladísimas pruebas de especial confianza, le concedió Don Juan I tener voto en Cortes, llamándola por Real Cédula de 26 de junio de 1386 para las de Segovia, concurriendo también a las de Ávila; y reinando Don Enrique III, asistió a las tendidas en Madrid, a las de Burgos, a las de Segovia y por último a las de Toledo; restituyéndole el mismo Rey en 31 de marzo de 1.404, el título que tenía de Ciudad y que había perdido cuando la invasión sarracena.

Algún tiempo mas tarde vemos como tuvieron lugar dos grandes batallas ganadas a los moros, en la que intervinieron los ecijanos: la memorable de la Sierra del Madroño, donde mandaba las cuatro compañías llamadas Guardas de Castilla, el Alcaide de Écija Diego García Castrillo, y la que se libró cerca de la misma Ciudad, en el sitio llamado Puente de Gilena, por cuyo motivo se erigió la parroquia Rey Fernando Vde Santiago, dando también origen al apellido Matamoros; no siendo menos importarte el papel de esta plaza en el asalto y sorpresa de Alhama y Zahara, cuando el intrépido caudillo ecijano Martín Galindo, se descolgó a la plaza; en la batalla de Lucena, en el bloqueo de Baza, en la acción de Loja y, últimamente, en el sitio y toma de Granada, el ecijano Garcilaso fué uno de los quince capitanes de frontera que ayudaron a Pérez del Pulgar a defender el famoso pergamino del Ave Maria. Ya en el sitio de Coín, otro valiente ecijano, Tello González de Aguilar, salvó la vida al Rey Fernando V, trocando con él su armadura y dejándose matar por su patria y por su rey.

Todavía la edad moderna comprende para Écija una época gloriosa. En la Rambla la vemos manifestarse contra el movimiento de los Comuneros de Castilla, y les mereció agregar a su título de Muy Noble, el de Muy Leal, que ya tenía la Ciudad. En este periodo admiramos las valientes aventuras del ecijano Jerónimo de Aguilar, el intérprete de Hernán Cortés, en la Conquista del Nuevo Mundo; las de los intrépidos marinos Pedro Carrillo de Henestrosa, y Diego de Tártalo contra Barbarroja, en tiempos de Carlos I, y el arrojo de Tello de Aguilar, Juan Fernández de Henestrosa, y Juan de Monsalve, en la sublevación de los moriscos.

También vemos a Écija conteniendo la invasión de los turcos, señalarse en el combate naval de Lepanto, donde se distinguieron sus bizarros hijos Diego de Henestrosa, Luis, Francisco y Pedro de Aguilar, el que cita Cervantes en la Vida del Cautivo,(Quijote, parte I, capitulo 39), y en los campos de Flandes lucieron su bravura los Zayas, los Henestrosa, Los Mercados y los Aguilares.

Felipe IVAgréguese a todo esta las diversas compañías de hombres con que acudió Écija en diferentes ocasiones para la defensa del reino y las espléndidas donaciones que hicieron los caballeros particulares, y se verán los motivos que tuvo Felipe IV, cuando concedió a este municipio el tratamiento de Señoría, y que pudieran usar dosel en la sala Capitular.

Proclamada la dinastía de Borbón, Écija mandó como diputado a Don Juan Fernández de Henestrosa, y amenazada en 1702 la plaza de Cádiz, envió dos compañías de cien hombres, al mando del Marqués de Peñaflor. Y Como las turbulencias por aquel entonces fueron continuadas, Écija no dejo de franquear a favor del reino, sus propios caudales, incluso la sangre de sus hijos; así es que al proclamarse en Barcelona por rey de España al Archiduque de Austria, organizó un movimiento de milicias, yendo por coronel el ecijano marqués de Alcántara del Cuervo.

Si a todo lo aquí recopilado se agrega el acendrado patriotismo que los ecijanos desplegaron en su Batallón de la Virgen del Valle, en la guerra de la independencia, tiene Écija bien merecido los títulos de Fidelísima, Leal y Constante, que con fecha 8 de septiembre de 1.710 le llama el rey Felipe V.

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